algunas aclaraciones inútiles

15.12.06

La mayoría de las mañanas, me levanto con energía. Sonriendo (como la buena ingenua que soy) con la idea de que tal vez hoy será un día grandioso.
Otros despertares sin embargo no son tan buenos. Entonces abro los ojos de repente, sobresaltada. Un resorte interior hace que me incorpore con un pequeño saltito y me quede sentada en la cama, mirando a un punto fijo, intentando vaciar la mente y crear un espacio en blanco. Hasta que vuelvo a respirar con normalidad y el corazón se tranquiliza. Después me vuelvo a meter en la cama, esta vez con los pies en la cabecera, para poder mirar a través de la ventana... y me siento con ganas de salir, de disfrutar del día.
Odio las pesadillas. Las odio. Aunque algunas tengan su peculiar toque de humor. Extrañamente ácido y negro.
En mi línea.