historia de un zapato
Tenía prisa por acabar la clase.. pero los niños no paraban de preguntarme cosas. (Profe, que esto no me sale; profe, en qué he fallado; me ayudas con una composición de música??) Y yo, nerviosa, con el cerebro a mil por hora y tres toneladas de estrés, contestaba mecánicamente, pendiente sólo del reloj.
Por fin logro escapar.. mierda! el autobús ha pasado. Intento llegar a la siguiente parada. Llevo encima exactamente:
- Un macro abrigo de invierno que no me ha dado tiempo a ponerme y llevo en la mano. (Tengo fríoooooooooo!!!)
- Una bufanda marrón que abulta más que...
- el bolso (debería decir maleta?) gigante en el que sin concierto ni orden se revuelven llaves, abonos transporte, cartera, libretas, pañuelos y decenas de cosas estúpidas que no sirven para nada pero nosotras seguimos llevando para hacer bulto.
- Un par de libros y cuadernos para corregir.
En fin, cargada como una burra empiezo a correr por una cuesta en absoluta oscuridad porque no hay farolas. La carretera no tiene arcén, sólo una cuneta, profunda y más oscura aún, en sus bordes. A mitad de la carrera, se me resbaló un zapato. Frené en seco y salió disparado el otro. El autobús llegaba. No sabía si parar el autobús. Si recoger el zapato de debajo del cardo de la cuneta. Si reír, si llorar, si sentarme a pasar de la humanidad o si ir descalza al concierto...
No sé cómo pero conseguí reunir mis zapatos, ponérmelos y subir al autobús después de pararle de forma poco ortodoxa. Disfruté el concierto. Faltaba más!
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home