Tensión en la consulta
Y es que si alguien quiere violencia, emoción, dinamismo y acción, sólo tiene que pasarse por la consulta del ambulatorio cuando tenga cita mi hijo. Sé que los médicos nos dan un poco de repelús a todos, el hecho de "ir al médico" no puede ser identificado con algo agradable... pero puedo prometer y prometo que jamás en la vida le han torturado ni nada parecido. Nada más entrar ya va diciendo en bajito: "let´s go home, mommy...mámonos a casa, mamá-momí" Y yo con el típico mantra: "tranquilo, Lucas, Elías es muy majo; sólo te va a medir, a pesar, te va a mirar los dientes... a ver cómo le enseñas tus dientes, ¿vale?" Entonces él me lanza su mirada de "de verdad crees que por ser pequeño soy tonto? no me trago ni una de tus edulcoradas mentiras". Hemos llegado y... ¿cuánto tiempo pueden estar los peques en un sitio cerrado que huele a medicina y enfermedad, lleno de viejetes que les miran y les dicen bobadas sin liarla y ponerse nerviosos? Como mucho 15 minutos. Tardan en atenderte como mínimo 40. Ya el niño está un poco histérico, la madre avergonzada, la gente juzgándote (oh, si fuera mi hijo,.. le daría un azote en el culo y funcionaba- como si yo no le castigase, por cierto). Segundo round: desvístele.... si puedes. Llorando como un poseso... "esa es mi ropa, mommy... no me quites la camiseta... nooooooooooo, mis zapatillas de fútbol noooooooooooo". A duras penas, le dejo en bolas. Le pesa en la báscula. BIEN! lo de medirle la cabeza no ha sido tan duro. Le he engañado vilmente. Mi estrategia: ven, Lucas, vamos a medirte la cabeza para hacerte un casco. Lo sé, no tengo vergüenza. Pero hazlo mejor tú si puedes. Tercer round: medirle. Eso no es tan fácil. Juro que lo intenté de las mejores formas posibles. Hice gala de toda mi paciencia. Mis sonrisas, promesas e incluso mis sobornos fallaron (ni los pigglets, ni el chocolate consiguieron milagros). Así que no me quedó más remedio que recurrir al wrestling. Soy buena. Me planteo competir oficialmente. Lucas tumbado en la camilla, con todo el papel que ponen hecho jirones y llorando como una magdalena, con un metro metálico de la cabeza a los pies. "Va a ser muy alto, señora". Lo que me faltaba... ¿qué haré cuando a los 12 me saque una cabeza y no quiera venir al médico? Lo de mirarle los dientes... ni te cuento. "Mira Lucas, le miro primero a tu mamá". Y yo ahí con un palito en la boca diciendo aaaaaaaaah, ves? si no es nada. Pero el niño no abría la boca ni a la de tres. Esta vez el chocolate sí funcionó y lo conseguimos. Eso sí, mirarle "el pirindoli" como dice él... fue misión totalmente imposible. El enfermero tuvo que conformarse con mi versión de la verdad de que todo iba bien y no tenía ningún problema. El pirindoli estaba "cerrado" según Lucas y el pito se lo mira usted (parecía decir mi dulce hijo, transformado en una bestia parda). Menos mal que este niño no tiene que pisar muchos hospitales porque mi nivel de estrés ya está más que copado. La próxima revisión es en dos años. Me da tiempo a superar traumas... creo.

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