algunas aclaraciones inútiles

16.2.13

A warning sign

Vivo preocupada. Esta afirmación tan rotunda se entiende mejor si te refresco la memoria diciéndote que me paso la vida entre niños y adolescentes.
La crisis está haciendo estragos en las voluntades, las autoestimas y las esperanzas de las generaciones que vienen.

No me extraña. El panorama es desolador. La emigración, que siempre me ha resultado tan apetecible, que he perseguido y soñado, que aún ahora intento... me resulta ahora una salida obligada para muchos que no la desean ni la buscan libremente. Es un acto de escape obligado. Es un acto de superviviencia.

Han aumentado los suicidios adolescentes. No me extraña. Entre las tonterías con las que les llenan la cabeza desde pequeños, las presiones sociales que aguantan en busca de prototipos "perfectos" (que alguien me diga quién determina la perfección y/o belleza de las personas, por favor) y la falta de esperanza en un futuro mejor, no me extraña que busquen un atajo que acabe con estos "problemas". Tengo el corazón encogido. Desde que empecé a dar clases, he asumido que también eres una especie de psicóloga-confesora para ellos. Y me siento privilegiada al poder escuchar sus luchas. Antes escuchaba también planes de futuro, ilusiones, proyectos y esperanzas. Ahora sólo escucho: ¿para qué me sirve esto? ¿Por qué hay que sufrir tanto para luego... nada? Y cosas por el estilo. Cada caso es más terrible que el anterior.

Yo procuro animarles. Les digo que la cultura y el saber pensar son dos llaves muy importantes que pueden abrirles puertas que no imaginan. Les digo que no hay mal que cien años dure y que siempre hay que intentarlo. Que no pueden dejar de luchar. Les impulso a no tener miedo a vivir, a ser valientes y mirar hacia el futuro con algo de optimismo, sin caer en la ingenuidad. Todos me escuchan, pero son pocos los que reciben mis palabras y encuentran sentido en lo que digo.

Una chica me dijo ayer: Mira, profe, realmente yo no veo ninguna salida a todo esto. El mundo es un estercolero que nos ahoga con su peste.

Si nosotros estamos así, que supuestamente somos el motor y la ilusión del mundo, realmente es para asustarse.