
subirte a un tren justo cuando el pitido anuncia que las puertas se están cerrando..
subir unas escaleras mecánicas a toda prisa, jugando a esquivar el mayor número de personas posibles...
llegar con la hora pegada al culo a todos los sitios...
son esas pequeñas cosas estresantes que hacen la vida más emocionante.. lo creais o no.
Antes me dedicaba a restregarme los ojos en el tren, quejarme porque siempre ponían las cuatro estaciones de Vivaldi (qué pasa? Satie no existe??) y leer libros que sólo me gustan a mí... Estudiaba, comía, dormía y hacía los deberes en el bendito (maldito, según el día) transporte público de Madrid.
Hubiese pensado que a estas alturas de la vida, todo iría mejor; que la vida sería emocionante
per se. Pero confieso, que la mayoría de las veces, echo de menos el frenetismo de mi sucia ciudad encantadora (o no tanto)
3 Comments:
yo solo cambiaria mi ajetreada vida de gran ciudad con una vida tranquila en un pueblo si me pagaran una buena pasta.
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Synbios, at 10:52 p. m.
;)
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noemí, at 9:48 a. m.
totalmente de acuerdo. Nos quejamos pero en el fondo se echa de menos cuando no se hace.
Las risas que nos hemos pasado con el PI, PI, PI, PI!!! QUE NO LLEGAMOOOOSSSSS!!!!! JAJAJAJAJAJA!
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Anónimo, at 9:33 p. m.
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